domingo, 3 de mayo de 2009

Teatralidad Culinaria en la Cena Trimalchionis

El Satyricon de Petronius ha sido considerado la estampa más real del costumbrismo romano de la época de Nerón. Un aura de amoralidad y libertinaje deambula a través de la narración y los diálogos. Los personajes que se suceden en esta obra, Encolpius (el narrador), Ascyltos (su antiguo amante), Gnython (bello e infiel efebo amante de Encolpius constantemente seducido por otros a lo largo de la obra) y, cómo no, Trimalchio (liberto, nuevo rico y maravilloso anfitrión) son la representación gráfica y viva de los apetitos y pasiones más obscenos y atractivos que pueden atrapar el alma humana. Petronius dejó constancia de su tiempo sin desvirtuar sus costumbres y supersticiones. Se presenta un relato crudo y desenfadado, donde no se puede excluir una recóndita intención de denuncia y, a veces, un vago atisbo de moralización. Pederastas, libertinos, mancebos afeminados, viejas celestinas, matronas y jóvenes impúdicas son la excusa petroniana para plasmar el vivir cotidiano de una corrupta y deliciosamente decadente Roma en sus intimidades sexuales, en sus ceremonias y, lo que realmente nos ocupa en este post, en sus exuberantes y teatrales banquetes.

Como filólogo “viborilla” no me resisto a dar unas breves pinceladas histórico-literarias sobre la polémica obra de Petronius ni tampoco a nombrar autores y obras, más lejana o cercanamente relacionadas con el orbe satyriconiano. El acto de no traducir la mayoría de los nombres y dejarlos en su original latino es una elección íntima y personal, deformación profesional si queréis. Dejo para el final el auténtico motivo de estas líneas, la imaginación en la cocina de casa de Trimalchio y lo osado de la presentación de sus platos.

Algunos de los problemas que surgen al enfrentarse a tan notable obra clásica son principalmente el origen del título y la fecha de su composición. Pues, en realidad, hay pocos indicios sobre quién fue realmente el tal Petronius ni cuándo trazó tan maravillosa creación de la que incluso se ignora su extensión original. Adentrándonos en tales sombras de datación y extensión, generalmente se acepta como válida una fecha de composición, el último tercio del Sg. I d.C. Algunos expertos retrasan la fecha de la composición del Satyricon, también denominado Satyrica, al Sg. III d.C., aunque los argumentos que apuntan hacia el Sg.I d. C. son más poderosos, sobre todo por su evidente intertextualidad lucaniana o la ambientación general de la obra, con evidentes alusiones a la época neroniana y la mención de ciertos personajes populares de tal tiempo. Tras la aceptación de esta datación, no exenta de polémica, aún se yergue la aún más problemática identificación del autor. Tradicionalmente se acepta que el nombre del escritor fue Petronius Arbiter, identificación sugerida en buena parte por un dramático relato incluido en los Annales de P. Cornelius Tacitus donde se presenta la propia personalidad petroniana:

De C. Petronio pauca supra repetenda sunt. nam illi dies per somnum, nox officiis et oblectamentis vitae transigebatur; utque alios industria, ita hunc ignavia ad famam protulerat, habebaturque non ganeo et profligator, ut plerique sua haurientium, sed erudito luxu. ac dicta factaque eius quanto solutiora et quandam sui neglegentiam praeferentia, tanto gratius in speciem simplicitatis accipiebantur. proconsul tamen Bithyniae et mox consul vigentem se ac parem negotiis ostendit. dein revolutus ad vitia seu vitiorum imitatione inter paucos familiarium Neroni adsumptus est, elegantiae arbiter, dum nihil amoenum et molle adfluentia putat, nisi quod ei Petronius adprobavisset. unde invidia Tigellini quasi adversus aemulum et scientia voluptatum potiorem. ergo crudelitatem principis, cui ceterae libidines cedebant, adgreditur, amicitiam Scaevini Petronio obiectans, corrupto ad indicium servo ademptaque defensione et maiore parte familiae in vincla rapta. (Tacitus. Annales XVI, 18)

En lo que concierne a Petronius retrocederé un poco. Él dedicaba el día para dormir, y la noche para los deberes de la sociedad y para los placeres de la vida. Si algunos alcanzaron fama por el trabajo, él lo hizo por la molicie. Tenía reputación, no de juerguista ni de derrochador como casi todos los que devoran su fortuna, sino de técnico en los placeres. Sus palabras y acciones agradaban y eran tomadas como modelo de sencillez en función de la espontaneidad y de cierto descuido propio con que eran ejecutadas. Sin embargo manifestó energía y estuvo a la altura de sus funciones como procónsul en Bithynia y después como cónsul. Luego, regresando a sus vicios o quizá sólo a su imitación, fue admitido entre los pocos familiares de Nerón como árbitro del buen gusto: para el príncipe no había nada agradable y delicado que no estuviese recomendado por Petronius. De ahí los celos de Tigelinus que vio en él a un rival y a una persona más ducha en la ciencia de los placeres. Tigelinus, pues, excitó la crueldad del príncipe, pasión que en éste tenía la supremacía sobre las otras, y acusó a Petronius de ser amigo de Scaevinus. Se sobornó un esclavo para la delación, y a Petronius se le privó del derecho de defensa y la mayor parte de sus esclavos fueron encarcelados.

Buena descripción de un elegante y exquisito personaje del círculo del emperador Nerón, en cuyo ambiente era tenido por “elegantiae arbiter”, al que el propio emperador obligará a darse muerte, dramática escena que podemos ver en la película Quo Vadis (1951), dirigida por Mervyn LeRoy (con un inmenso Peter Ustinov en el papel de Nerón) y basada en la novela homónima de Henryk Sienkiewicz. Tal identificación, basada en las llamativas palabras de Tacitus, es la más verosímil y tradicional de cuantas han sido propuestas pues, de hecho, ya lo identificaron así los antiguos desde el S. III d. C., basándose quizá en las líneas taciteas para adjudicarle el cognomen por el que ha sido inmortalmente conocido el autor del Satyricon. En realidad, Arbiter no parece un cognomen frecuente en Roma y es totalmente desconocido en la Gens Petronia.

El texto del Satyricon conocido se tiene por incompleto, se tiene por una décima parte del original petroniano. Aún así es suficiente para trazar unas pautas literarias y filológicas satisfactorias. En esta obra, donde se mezclan la prosa y el verso, se puede apreciar un estilo poético casi ovidiano, aunque sus antecedentes prosaicos se hallan en un lejano Aristófanes. Podría considerarse el Satyricon como un primer apunte para las posteriores novelas picarescas europeas. Aún cuando el narrador de la obra se expresa en un latín clarísimo, la obra es especialmente valiosa en cuestión filológica por los coloquialismos que inundan los diálogos, siendo un interesante ejemplo del latín vulgar de la época. El texto sobrevivió al Medievo, aunque oculto de la vista pública debido a sus orígenes paganos y a lo indecoroso de su temática para la censora moral cristiana. No fue sino hasta 1664 que la primera edición que incluía la Cena Trimalchionis estuvo disponible a gran cantidad de lectores gracias a los esfuerzos del impresor y librero francés Pierre Le Petit, siendo poco después traducido el texto a varias lenguas y convirtiéndose en uno de los libros más trasegados de la literatura occidental. El texto no fue conocido en España hasta el S. XVII, siendo entonces leído por diversos eruditos, entre los que destaca Francisco de Quevedo. Su crudeza, sin embrago, no lo hizo popular. Hasta fines del Siglo XIX no fue traducido al español, y aún así, a través de traducciones francesas, casi siempre dotadas de una serie de elementos ficticios debidos a François Nodot, conocido por su edición parisina del Satyricon de 1693, que se sintió obligado a completar, a su arbitrio, ciertos episodios y sobre todo a desarrollar cuantos elementos podían facilitar el encadenamiento de episodios de difícil ensamblado. Hay que señalar, que en esta misma línea un escritor español ilustrado, eclesiástico, político y periodista exiliado a Francia, a causa de la Inquisición, José Marchena Ruiz de Cueto, más conocido como Abate Marchena, fraguó todo un fragmento (en buen latín petroniano) que supuso encontrado por él al filo del año 1800 en un viejo manuscrito de la biblioteca de San Gallo, en el cantón suizo de Sankt Gallen. Muy codiciada es la edición francesa de 1951 con ilustraciones del fauvista André Derain.

El Satyricon (al menos lo que nos queda de él) aparece como una novela escrita en primera persona, narrada como ya sabemos por Encolpius, donde se combinan diestramente la técnica de la narración de viajes con la sátira y la novela amorosa. Es innegable la relación genérica de la obra con modelos y formas satíricas así como con sus distintas variaciones en el ámbito social, costumbrista y literario. En general se ignora cual podría ser la trama del total de la obra, pues los fragmentos conservados representan sólo unas aventuras de los personajes en una ciudad griega, al modo de las comedias plautinas y terencianas representadas en los teatros de la época:

[LXXXI]…
mendicus, exul, in deversorio Graecae urbis iacerem desertus?...

[81]… quedarme abandonado, mendigando y desterrado, en una posada de una ciudad griega? ...

Esta mención es la más específica al lugar donde se desarrolla la acción, concretamente en alguna de las ciudades del sur de Italia, conocida como Magna Grecia. Los episodios de tal Odisea picaresca (salvando las distancias y si se me permite el término) en la “ciudad griega” (situada en la Campania, quizá Cumae, Neapolis, Herculaneum, Caecubum, Puteoli, u Oplontis) darán pie a la llamada Cena Trimalchionis (que se desarrolla entre los capítulos XXVI y LXXVIII), magnífica crónica social y lingüística, pero sobre todo instantánea ideal del imaginario culinario romano de todo amante de los fogones y bocados antiguos, sin parangón en el mundo literario romano, ni siquiera comparándola con la llamada Cena de Nasidienus de Q. Horatius Flaccus en el Sermo VIII de sus Sermones Liber II, también conocido como Saturae II, posible fuente de inspiración petroniana, más sucinta, esquemática y endeble que el episodio de Petronius que es el inevitable leit motiv de estas líneas.

'Ut Nasidieni iuvit te cena beati? nam mihi quaerenti convivam dictus here illic de medio potare die.' 'sic, ut mihi numquam in vita fuerit melius.' 'da, si grave non est, quae prima iratum ventrem placaverit esca.' 'in primis Lucanus aper: leni fuit austro captus, ut aiebat cenae pater: acria circum rapula, lactucae, radices, qualia lassum pervellunt stomachum, siser, allec, faecula Coa. his ut sublatis puer alte cinctus acernam gausape purpureo mensam pertersit et alter
sublegit quodcumque iaceret inutile quodque posset cenantis offendere, ut Attica virgo cum sacris Cereris procedit fuscus Hydaspes Caecuba vina ferens, Alcon Chium maris expers. hic erus "Albanum, Maecenas, sive Falernum te magis adpositis delectat, habemus utrumque." “divitias miseras! sed quis cenantibus una, Fundani, pulcre fuerit tibi, nosse laboro.' 'summus ego et prope me Viscus Thurinus et infra, si memini, Varius; cum Servilio Balatrone Vibidius, quos Maecenas adduxerat umbras. Nomentanus erat super ipsum, Porcius infra, ridiculus totas semel absorbere placentas; Nomentanus ad hoc, qui, siquid forte lateret, indice monstraret digito; nam cetera turba, nos, inquam, cenamus avis, conchylia, piscis, longe dissimilem noto celantia sucum, ut vel continuo patuit, cum passeris atque ingustata mihi porrexerit ilia rhombi.


“¿Cómo te fue en el banquete del rico Nasidienus? Ayer te busqué para invitarte y me dijeron que estaba allí bebiendo desde el mediodía”. " Pues me fue como en mi vida me ha ido”. "Cuenta, si no te molesta, cuál fue el primer plato con el que mitigaste el hambre” "De primero, jabalí de Lucania: había sido cazado al levantarse el Austro, como dijo el anfitrión; alrededor rábanos picantes, lechuga y raíces, cosas que se burlan estómago indolente, campanillas, salmuera en madre de vino de Cos. Levantados estos platos, un chiquillo de túnica ceñida limpia con un paño púrpura la mesa de arce bruñido y otro recoge del suelo migajas y desperdicios para no causar asco a los convidados. Así, como una virgen ática en procesión con los signos sagrados de Ceres, marcha el moreno Hydaspes llevando vino de Caecubum y Alcon el vino de Quíos puro y sin agua de mar. Y entonces el dueño de la casa dice: “Mecenas, si prefieres a los que están sobre la mesa el vino de Albalonga o el de Falerno, tenemos ambos” “¡Míseras riquezas! Pero Fundanius, ¿en compañía de quiénes te lo has pasado tan bien? No puedo esperar a saberlo”. “Estaba yo y junto a mí Viscus Thurinus y ,por debajo de él, Varius, si no recuerdo mal; Luego Vidibius con Servilius Balatro, dos parásitos que había traído consigo Mecenas. Más allá de él estaba Nomentanus, más acá Porcius, que nos hacía reír al tragarse de un bocado pasteles enteros; Nomentanus tenía la tarea, si algo pasaba desapercibido, de señalarlo con el dedo: pues la caterva restante, nosotros, me refiero, comíamos aves, mariscos, pescado, que se escondían un sabor diferente de lo habitual, como pronto quedó claro, cuando me hicieron probar higaditos de platija y rodaballo de un sabor inusitado para mí”…

El banquete de Trimalchio, exagerado y extravagantemente irónico, transcurre en la casa del liberto del mismo nombre, que utiliza tal ágape como excusa de la ostentación de la desmesura, de la maravillosa riqueza con la que deslumbrar a unos impresionados invitados. Trimalchio es el prototipo del nuevo rico, extravagante, caprichoso, voluble, de gustos obscenos y excesivos. Personaje materialista muy pagado de sí mismo que alude continuamente a su riqueza personal, esperpéntico producto de un tiempo de magnificencia y exageración que le hace incluso poseedor de un latifundio que ocupa las tierras del Lacio hasta Sicilia y de una completa bodega a la manera de Nasidienus:

[XLVIII] Trimalchio autem miti ad nos vultu respexit et: "Vinum, inquit, si non placet, mutabo; vos illud oportet bonum faciatis. Deorum beneficio non emo, sed nunc quicquid ad salivam facit, in suburbano nascitur eo, quod ego adhuc non novi. Dicitur confine esse Tarraciniensibus et Tarentinis. Nunc coniungere agellis Siciliam volo, ut cum Africam libuerit ire, per meos fines navigem…

[48] Trimalchio volvió el rostro hacia nosotros y dijo: “Si no os gusta el vino mandaré cambiarlo; sois vosotros los que debéis volverlo agradable. Gracias a los dioses no tengo que comprarlo. Ahora todo lo que hace la boca agua crece en una de mis haciendas que aún no he visto. Dicen que está cerca de Tarracina y de Tarento. Tengo ganas de adquirir Sicilia para unirla a aquellas tierras, para que, cuando se me antoje ir a África, navegue por mis dominios…

Profundizando aún más en la facies gastronomica del relato petroniano me gustaría hacer una breve enumeración de los fantásticos bocados que componen la minuta del banquete de Trimalchio. El banquete descrito comienza con la teatral entrada de los esclavos del anfitrión al ritmo de la música mientras van dejando la comida regada con mulsum, delicoso vino mezclado con miel y pimienta. Petronius nos habla de aceitunas blancas y negras presentadas en las alforjas de un asno de bronce, de lirones espolvoreados de miel y adormidera, de salchichas servidas sobre una parrilla de plata donde ciruelas de Damasco y pipas de granada simulan brasas, seguidas de unos huevos de pasta, rellenos de ave, rodeados de yemas a la pimienta y al garum, presentados bajo una gran gallina de madera que simula estar incubándolos, imaginativa costumbre de servir las comidas de tal manera que parezcan otra cosa. Pero no adelantemos acontecimientos. No hay nada como asomarse al texto original de Petronius para captar los olores y los sabores. Como se ha señalado más arriba, la Cena Trimalchionis (más bien sus prolegómenos) comienza a gestarse en el capítulo XXVI de la obra cuando Encolpius, Ascyltos y Gnython son invitados al banquete:

[XXVI]
"Quid? vos, inquit, nescitis hodie apud quem fiat? Trimalchio, lautissimus homo. Horologium in triclinio et bucinatorem habet subornatum, ut subinde sciat quantum de vita perdiderit!"
Amicimur ergo diligenter obliti omnium malorum et Gnythona libentissime servile officium tuentem iubemus in balneum sequi.


[26]…
“¡Eh vosotros! ,dijo, ¿Conocéis a la persona en cuya casa tenéis hoy el compromiso? Se llama Trimalchio, hombre distinguidísimo. En el comedor tiene un reloj y un esclavo, bocina en mano, para estar informado continuamente del transcurso de su vida.”
Olvidamos, pues, nuestras calamidades y nos vestimos lo más elegantemente que pudimos, fuimos a los baños seguidos de Gnython, que había estado sirviéndonos.


En lo baños descubrieron a un viejo calvo y estrafalario, vestido con una túnica roja, jugando a la pelota con unos jóvenes esclavos cuando Menelaus, otro de los convidados, desveló la identidad de tan llamativo personaje:

[XXVII]…
"Hic est, inquit, apud quem cubitum ponitis, et quidem iam principium cenae videtis”

[27]… “Este es el hombre, dijo, en cuya casa os vais a regodear, ya estáis asistiendo en este momento al preludio de la cena”.

Tras salir todos los convidados de los baños, se dirigen a casa de Trimalchio. Tan pronto entran por la puerta quedan boquiabiertos cuando ven la magnificencia de la decoración, la ostentación de la que el liberto hacía gala y entonces:

[XXX]… His repleti voluptatibus cum conaremur in triclinium intrare, exclamavit unus ex pueris, qui super hoc officium erat positus: "Dextro pede!" Sine dubio paulisper trepidavimus, ne contra praeceptum aliquis nostrum limen transiret.

[30]… Deslumbrados ante tanta maravilla, nos disponíamos a penetrar en el triclinio, cuando uno de los esclavos, puesto para este oficio, nos gritó: “¡Con el pie derecho!” Al instante temimos que alguno de nosotros ya hubiera transgredido la orden de atravesar el umbral de esta manera.

Costumbre, más bien superstición, para el desarrollo de un ameno banquete. Una vez tumbados y preparados para el festín comienza el desfile de los magníficos platos:

[XXXI]…
Allata est tamen gustatio valde lauta; nam iam omnes discubuerant praeter ipsum Trimachionem, cui locus novo more primus servabatur. Ceterum in promulsidari asellus erat Corinthius cum bisaccio positus, qui habebat olivas in altera parte albas, in altera nigras. Tegebant asellum duae lances, in quarum marginibus nomen Trimalchionis inscriptum erat et argenti pondus. Ponticuli etiam ferruminati sustinebant glires melle ac papavere sparsos. Fuerunt et tomacula supra craticulam argenteam ferventia posita et infra craticulam Syriaca pruna cum granis Punici mali.

[31]… Se trajo la entrada que fue digna de alabanza. Todos estábamos ya recostados, excepto el propio Trimalchio a quien, según la nueva moda, se le había reservado el primer lugar. En la fuente destinada a las entradas se había colocado un pequeño asno de bronce corintio con una alforja que contenía aceitunas verdes en una alforja y negras en la otra. Encima del asnillo había dos bandejas de plata en cuyos bordes se había grabado el nombre de Trimalchio y el peso del metal. Se habían soldado unas pasarelas de las que colgaban lirones aderezados con miel y adormidera. Se veían también unos salchichones humeantes en un anafe de plata y, debajo de este anafe, ciruelas de Siria con pepitas de granada.

Las granadas y ciruelas representan el fuego de la parrilla. La granada era llamada «manzana púnica» por los romanos.

[XXXIII]…
gustantibus adhuc nobis repositorium allatum est cum corbe, in quo gallina erat lignea patentibus in orbem alis, quales esse solent quae incubant ova. Accessere continuo duo servi et symphonia strepente scrutari paleam coeperunt, erutaque subinde pavonina ova divisere convivis. Convertit ad hanc scenam Trimalchio vultum et: "Amici, ait, pavonis ova gallinae iussi supponi. Et mehercules timeo ne iam concepti sint. Temptemus tamen, si adhuc sorbilia sunt." Accipimus nos cochlearia non minus selibras pendentia, ovaque ex farina pingui figurata pertundimus. Ego quidem paene proieci partem meam, nam videbatur mihi iam in pullum coisse. Deinde ut audivi veterem convivam: "Hic nescio quid boni debet esse", persecutus putamen manu, pinguissimam ficedulam inveni piperato vitello circumdatam.

[33]…
Todavía no habíamos acabado las entradas cuando se nos sirvió un gran repositorio con una cesta encima. En ella había una gallina de madera con las alas desplegadas en torno como suelen hacerlo las cluecas. Luego se aproximaron dos esclavos y, al son de la música, se pusieron a rebuscar en la paja, y sacaron de abajo varios huevos de pava que fueron distribuidos a los comensales. Trimalchio, contemplando esta escenificación, nos dijo: “Amigos, he hecho incubar huevos de pava por una gallina y me temo, por Hércules, que ya estén empollados. Probemos, sin embargo, si todavía están sorbibles.” Recibimos unas cucharas que por lo menos pesaban media libra, y cascamos los huevos que estaban muy bien hechos de pasta. Casi arrojé mi porción pues creí que ya estaba formado el pollo, pero oí decir a una vieja comensal: “No sé qué delicia debe haber aquí.” Continué, pues, descascarándolo con la mano y me encontré con un gordísimo papafigo arrebolado en salsa de yema de huevo y pimienta.

Hay que aclarar que las cucharas de las que habla Encolpius eran unas cucharas especiales denominadas cochlearia (de cochlea, caracol) que tenían una punta en el extremo que servía para cascar o agujerear los huevos o para extraer el caracol de su caparazón. Como podemos comprobar el refinamiento en el paladar exige ingeniosos utensilios. Está todo inventado. Ingeniosa (y, por supuesto, llamativa) es también la conocidísima presentación ordenada por Trimalchio de diversos platos sobre sendos signos zodiacales, lo mejor de la cena según el mismo anfitrión:

[XXXV]… novitas tamen omnium convertit oculos. Rotundum enim repositorium duodecim habebat signa in orbe disposita, super quae proprium convenientemque materiae structor imposuerat cibum: super arietem cicer arietinum, super taurum bubulae frustum, super geminos testiculos ac rienes, super cancrum coronam, super leonem ficum Africanam, super virginem steriliculam, super libram stateram in cuius altera parte scriblita erat, in altera placenta, super scorpionem pisciculum marinum, super sagittarium oclopetam, super capricornum locustam marinam, super aquarium anserem, super pisces duos mullos. In medio autem caespes cum herbis excisus favum sustinebat. Circumferebat Aegyptius puer clibano argenteo panem. [. . .] Atque ipse etiam taeterrima voce de Laserpiciario mimo canticum extorsit. Nos ut tristiores ad tam viles accessimus cibos: "Suadeo, inquit Trimalchio, cenemus; hoc est ius cenae".

[XXXVI]
Haec ut dixit, ad symphoniam quattuor tripudiantes procurrerunt superioremque partem repositorii abstulerunt. Quo facto, videmus infra altitia et sumina leporemque in medio pinnis subornatum, ut Pegasus videretur. Notavimus etiam circa angulos repositorii Marsyas quattuor, ex quorum utriculis garum piperatum currebat super pisces, qui (tamquam) in euripo natabant. Damus omnes plausum a familia inceptum et res electissimas ridentes aggredimur…


[35]… pero pronto atrajo todas las miradas la aparición de una novedad . Era un repositorio redondo con los doce signos (del Zodiaco) dispuestos alrededor. El maestresala había colocado encima de cada uno de ellos un manjar apropiado. Sobre Aries, garbanzos (con forma de cabeza de carnero), sobre Tauro, un trozo de buey, sobre Géminis, criadillas y riñones, sobre Cáncer, una corona, sobre Leo, higo de África, sobre Virgo, una vulva de marrana virgen, sobre Libra, una balanza con un pastel en un platillo, y un bizcocho en el otro, sobre Escorpio, pececillo de mar, sobre Sagitario, caracol, obre Capricornio, langosta marina, sobre Acuario, ganso. Sobre Piscis, dos barbos marinos. En el centro había un terrón, extraído con césped y todo, que sostenía un panal de abeja. Un esclavo egipcio daba vueltas sirviéndonos el pan directamente de un anafe de plata. [...] y el mismo también con horrorosa voz desgarró los aires con una canción del mimo del “Mercader de Laserpicio”. Trimalchio viendo el asco con que comíamos tan vulgares alimentos, dijo: “¡Animo! Cenemos, que esto es lo mejor de la cena.”

[36] Cuando acabó de hablar, se presentaron cuatro danzarines y, al compás de la música, levantaron la tapa del piso superior del repositorio. Esta operación nos permitió ver debajo aves de corral cebadas y ubres de marrana. En el centro había una liebre decorada con alas para que pareciese un Pegaso. También notamos en las esquinas del repositorio cuatro Marsyas con odrecillos que vertían garum con pimienta sobre unos pescados que parecían nadar en un canal. A iniciativa de la servidumbre, aplaudimos y atacamos con alegría estos exquisitos manjares…

Toda esta simbología zodiacal será explicada, de manera bastante peculiar y aparentemente docta, por el mismísimo Trimalchio:

[XXXIX] “…Nam mihi nihil novi potest afferri, sicut ille tericulus iamel habuit praxim. Caelus hic, in quo duodecim dii habitant, in totidem se figuras convertit, et modo fit aries. Itaque quisquis nascitur illo signo, multa pecora habet, multum lanae, caput praeterea durum, frontem expudoratam, cornum acutum. Plurimi hoc signo scolastici nascuntur et arietilli." Laudamus urbanitatem mathematici; itaque adiecit: "Deinde totus caelus taurulus fit. Itaque tunc calcitrosi nascuntur et bubulci et qui se ipsi pascunt. In geminis autem nascuntur bigae et boves et colei et qui utrosque parietes linunt. In cancro ego natus sum: ideo multis pedibus sto, et in mari et in terra multa possideo; nam cancer et hoc et illoc quadrat. Et ideo iam dudum nihil super illum posui, ne genesim meam premerem. In leone cataphagae nascuntur et imperiosi. In virgine mulieres et fugitivi et compediti; in libra laniones et unguentarii et quicunque aliquid expendunt; in scorpione venenarii et percussores; in sagittario strabones, qui holera spectant, lardum tollunt; in capricorno aerumnosi, quibus prae mala sua cornua nascuntur; in aquario copones et cucurbitae; in piscibus obsonatores et rhetores. Sic orbis vertitur tanquam mola, et semper aliquid mali facit, ut homines aut nascantur aut pereant. Quod autem in medio caespitem videtis et super caespitem favum, nihil sine ratione facio. Terra mater est in medio quasi ovum corrotundata, et omnia bona in se habet tanquam favus."

[39]
“…Nadie puede sorprenderme con novedades: aquel plato os ha dado la prueba. Este cielo, habitado por doce dioses, se nos presenta bajo otras tantas formas, y aquí lo vemos como Aries. Los nacidos en este signo tienen muchos rebaños y mucha lana, pero además, la cabeza dura, la frente sin vergüenza y el cuerno puntiagudo. En este signo nacen la mayor parte de los gramáticos y de los testarudos. Alabamos a nuestro astrólogo por su fino humor, y prosiguió:
“Después todo el cielo se transforma en el querido Tauro: y entonces nace la gente arisca, los boyeros y los que pacen sin pastores. En Géminis nacen los caballos de biga, los bueyes de yugo, los cojones y los que “se frotan en ambas paredes”. En Cáncer nací yo. Por eso me sostengo en muchos pies ya que tengo muchas propiedades en mar y tierra, pues en ambos elementos el cangrejo se las apaña bien. Esta es la razón por la que antes no puse nada sobre este signo: no quiero parecer pedigüeño a mi estrella. En Leo nacen los tragones y los autoritarios. En Virgo, los afeminados, los fugitivos y los que llevan grilletes en los pies. En Libra, los carniceros, los perfumistas y todos los que venden al peso. En Escorpio, los envenenadores y los asesinos. En Sagitario, los bizcos: los que miran la verdura y cogen el tocino. En Capricornio, los atormentados, a los que por su mal genio les nacen cuernos. En Acuario, los taberneros y los calabazas En Piscis, los cocineros y los rétores. De esta manera el orbe gira como una rueda de molino, ejerciendo siempre su maleficio tanto en el nacimiento como en la muerte de los humanos. En cuanto al césped que veis en el centro y al panal colocado sobre él, sabed que no hago nada sin intención. En el centro está la madre Tierra, redonda como un huevo. Todo lo bueno, como aquel panal, está contenido en ella.”


La puesta en escena espectacular continúa deparando sorpresas a los convidados:

[XL]
"Sophos!" universi clamamus, et sublatis manibus ad camaram iuramus Hipparchum Aratumque comparandos illi homines non fuisse, donec advenerunt ministri ac toralia praeposuerunt toris, in quibus retia erant picta subsessoresque cum venabulis et totus venationis apparatus. Necdum sciebamus (quo) mitteremus suspiciones nostras, cum extra triclinium clamor sublatus est ingens, et ecce canes Laconici etiam circa mensam discurrere coeperunt. Secutum est hos repositorium, in quo positus erat primae magnitudinis aper, et quidem pilleatus, e cuius dentibus sportellae dependebant duae palmulis textae, altera caryatis, altera thebaicis repleta. Circa autem minores porcelli ex coptoplacentis facti, quasi uberibus imminerent, scrofam esse positam significabant. Et hi quidem apophoreti fuerunt.
Ceterum ad scindendum aprum non ille Carpus accessit, qui altilia laceraverat, sed barbatus ingens, fasciis cruralibus alligatus et alicula subornatus polymita, strictoque venatorio cultro latus apri vehementer percussit, ex cuius plaga turdi evolaverunt. Parati aucupes cum harundinibus fuerunt, et eos circa triclinium volitantes momento exceperunt. Inde cum suum cuique iussisset referri, Trimalchio adiecit: "Etiam videte, quam porcus ille silvaticus lotam comederit glandem." Statim pueri ad sportellas accesserunt quae pendebant e dentibus, thebaicasque et caryatas ad numerum divisere cenantibus.


[40] iBravo!, gritamos todos y, levantando las manos al techo, juramos que Hiparco y Arato no valían nada en comparación suya. Mientras tanto, unos sirvientes que habían entrado colocaron en los lechos frazadas con bordados de redes, cazadores con venablos y todo un equipo de montería. Todavía no sabíamos qué suposiciones hacer cuando, de pronto, un gran alboroto se alzó a la puerta del comedor, y he aquí que una jauría de perros laconios irrumpió metiéndose hasta debajo de la mesa. Cuando se fueron, se trajo un repositorio sobre el que iba una jabalina de lo más descomunal y con un píleo (gorro de liberto) por añadidura. De sus colmillos pendían dos canastillas de palma, una con dátiles de Caria y otra con dátiles de Tebas. Alrededor la bestia tenía unos lechoncitos de mazapán en posición de mamar, para dar a entender que se trataba de una hembra. Los lechones, por supuesto, nos fueron distribuidos como recuerdos. Además contaré que, para cortar la jabalina, no vino aquel Carpo que despedazó los pollos cebados, sino un gran barbudo con las pantorrillas ceñidas con correas y envuelto en un manto de caza multicolor. Desenvainó éste un cuchillo de caza, lo clavó con fuerza en las costillas de la jabalina, y varios tordos escaparon volando del corte. Unos pajareros con sus varetas ya estaban preparados para esto, y al instante atraparon las aves que revoloteaban en el triclinio. Trimalchio ordenó que nos dieran un pájaro a cada uno. “Mirad”, decía, “las finísimas bellotas con que se alimentaba este cerdo salvaje.” Seguidamente los esclavos tomaron las canastillas que colgaban de los colmillos y distribuyeron a los comensales porciones iguales de dátiles de Tebas y Caria.

Para que os podáis asomar a la ventana de la metaliteratura os presento un fragmento del Satyricon (1971) del inconmensurable Federico Fellini, en versión original, donde escenifica plásticamente el convivium petroniano. Esta película, tremendamente arrebatadora y a veces inquietantemente onírica, ha plasmado como pocas la Roma de la segunda mitad del Siglo I. Recomendables son también el cómico Satyricon (1969) de Gian Luigi Polidoro, con el histriónico Ugo Tognazzi en el papel de Trimalchio, y, por supuesto, aunque advierto que no es apta para gente impresionable, la gran Caligola (1979) de Tinto Brass y Bob Guccione.



Las escenas más llamativas del banquete tienen como común denominador el uso teatral dado a grandes animales de raza porcina para impresionar y sorprender a los asistentes:

[XLVII]
Nam mundatis ad symphoniam mensis tres albi sues in triclinium adducti sunt capistris et tintinnabulis culti, quorum unum bimum nomenculator esse dicebat, alterum trimum, tertium vero iam sexennem. Ego putabam petauristarios intrasse et porcos, sicut in circulis mos est, portenta aliqua facturos. Sed Trimalchio expectatione discussa: "Quem, inquit, ex eis vultis in cenam statim fieri? Gallum enim gallinaceum, Penthiacum et eiusmodi nenias rustici faciunt: mei coci etiam vitulos aeno coctos solent facere." Continuoque cocum vocari iussit, et non expectata electione nostra maximum natu iussit occidi…

[47]
En efecto, una vez que limpiaron las mesas al son de la música, trajeron al triclinio tres cerdos blancos con bozales y campanillas. El nomenclator nos anunció que uno de ellos tenía dos años, el segundo tres y el tercero ya siete años. Creí que se trataba de algún malabarista, y que los puercos iban a ejecutar unos cuantos números, como se acostumbra hacer para el público de la calle. Pero Trimalchio disipó nuestras dudas: “¿Cuál de ellos queréis que, de inmediato, se os sirva para la cena?”, nos preguntó, “ Hay cocineros rústicos que guisan gallos a la Penteo y otras futilidades por el estilo. Mis cocineros, en cambio, están acostumbrados a preparar terneros enteros en sus cacerolas.” Hizo llamar enseguida al cocinero y, sin esperar nuestra elección, le ordenó matar el más viejo…

Es aquí donde llega (al menos para mí) una de las escenas más memorables de la literatura gastronómica. Tras un breve intervalo de tiempo salen los cocineros con un jabalí enorme ya cocinado. El anfitrión llama al jefe de cocina y le dice que no es posible que ya lo haya cocinado, y que incluso parece no haberlo limpiado adecuadamente, ya que el animal parece muy rechoncho. A punto de castigarlo con unos cuantos latigazos, el cocinero abre el animal en canal y saltan de su interior gran cantidad de salchichas y embutidos, irrumpiendo en aplausos todos los invitados:

[XLIX]
Nondum efflaverat omnia, cum repositorium cum sue ingenti mensam occupavit. Mirari nos celeritatem coepimus, et iurare ne gallum quidem gallinaceum tam cito percoqui potuisse, tanto quidem magis, quod longe maior nobis porcus videbatur esse, quam paulo ante aper fuerat. Deinde magis magisque Trimalchio intuens eum: "Quid? quid? inquit, porcus hic non est exinteratus? Non mehercules est. Voca, voca cocum in medio." Cum constitisset ad mensam cocus tristis et diceret se oblitum esse exinterare: "Quid, oblitus? Trimalchio exclamat, putes illum piper et cuminum non coniecisse! Despolia!" Non fit mora, despoliatur cocus atque inter duos tortores maestus consistit. Deprecari tamen omnes coeperunt et dicere: "Solet fieri. -- Rogamus mittas. Postea si fecerit, nemo nostrum pro illo rogabit." Ego crudelissimae severitatis, non potui me tenere, sed inclinatus ad aurem Agamemnonis: "Plane, inquam, hic debet servus esse nequissimus: aliquis oblivisceretur porcum exinterare? Non mehercules illi ignoscerem, si piscem praeterisset." At non Trimalchio, qui relaxato in hilaritatem vultu: "Ergo, inquit, quia tam malae memoriae es, palam nobis illum exintera." Recepta cocus tunica cultrum arripuit, porcique ventrem hinc atque illinc timida manu secuit. Nec mora, ex plagis ponderis inclinatione crescentibus tomacula cum botulis effusa sunt.

[49]
Estaba vertiendo toda esta verborrea, cuando un repositorio, con un enorme puerco encima, vino a ocupar toda la mesa. Nos quedamos maravillados de la rapidez y empezamos a jurar que ni un pollo podía ser asado con tanta celeridad, tanto más que el cerdo parecía mayor que el jabalí de poco antes. Trimalchio, que lo examinaba cada vez con más atención, soltó: “¡Cómo, cómo! ¿Este cerdo no está vaciado...? ¡Por Hércules! ¡No...! ¡Llama, llama aquí al cocinero!” El cocinero, cabizbajo, se aproximó a la mesa y confesó haberse olvidado de vaciarlo. “¿Cómo? olvidado!”, exclamó Trimalchio, “Cualquiera diría que simplemente ha olvidado la pimienta y el comino. ¡Desnúdate!” El cocinero se desvistió sin tardar y se colocó afligido entre dos verdugos. Todos empezaron a interceder por él. Con implacable severidad, yo no pude refrenarme más y me incliné al oído de Agamemnon para decirle: “En verdad, este esclavo debe ser pésimo. ¿Acaso no es inadmisible que se haya olvidado de vaciar el puerco? Por Hércules, que yo no lo perdonaría aunque hubiese dejado así un pescado.” Trimalchio, en cambio, fue de parecer distinto. Una sonrisa dilató su rostro para decir: “Bueno, ya que tienes tan mala memoria, vacíalo aquí delante de nosotros.” El cocinero se puso otra vez la túnica, empuñó un cuchillo y empezó a cortar tímidamente aquí y allá el vientre del cerdo. Al punto, de las aberturas que se agrandaban de por sí solas con la presión del peso, se derramaron salchichas y morcillas.

Muchos más platos se suceden, como el jabalí relleno de salchichas y embutidos, un buey hervido servido entero, pasteles y frutas que al apretarlas brota agua azafranada, un capón relleno y huevos de oca, tordos de pasta rellenados de pasas y nueces, membrillos acribillados de espinas que representan erizos, una oca gorda rodeada de pescados y toda clase de pájaros hechos de carne cerdo. Sinceramente aconsejo la lectura de este libro, tanto a los amantes del mundo clásico como a todos aquellos que quieran profundizar en los fogones antiguos y quieran dejar volar libre la imaginación. Quiero acabar este larguísimo post (se me han quedado muchas cosas en el tintero) enlazando con la imagen que ilustra estas letras, el esqueleto de la Casa del Fauno de Pompeya, larva convivalis, espectro presente en los convivia que continuamente nos recuerda, con una copa de vino en la mano, lo efímero de la vida y nos exhorta a disfrutar sin pensar en la incertidumbre del futuro, puro y epicúreo Carpe Diem:

[XXXIV]
…complosit Trimalchio manus et: "Eheu, inquit, ergo diutius vivit vinum quam homuncio. Quare tangomenas faciamus. Vita vinum est. Verum Opimianum praesto. Heri non tam bonum posui, et multo honestiores cenabant." Potantibus ergo nobis et accuratissime lautitias mirantibus larvam argenteam attulit servus sic aptatam ut articuli eius vertebraeque laxatae in omnem partem flecterentur. Hanc cum super mensam semel iterumque abiecisset, et catenatio mobilis aliquot figuras exprimeret, Trimalchio adiecit:
Eheu nos miseros, quam totus homuncio nil est!
Sic erimus cuncti, postquam nos auferet Orcus.
Ergo vivamus, dum licet esse bene.”

[34]…
Trimalchio batiendo palmas exclamó:”¡Oh, fatalidad! ¡Por consiguiente el vino vive más que el pobre hombre! Mojémonos pues el gaznate. La vida es vino. Os estoy sirviendo un legítimo Opimiano. Ayer ofrecí otro no tan bueno a pesar de que cenaban conmigo personas mucho más distinguidas.” Bebimos sin dejar de advertir todas estas demostraciones de buen gusto. En ese momento un esclavo trajo un esqueleto de plata fabricado de tal manera que, móviles, las articulaciones y vértebras se doblaban en todo sentido. Trimalchio lo arrojó varias veces sobre la mesa para que adoptase así diversas poses a causa de la movilidad de sus coyunturas. Añadió:
¡Ay! ¡Miserables de nosotros! ¡Qué impotencia la del pobre hombre!
Todos así seremos cuando el Orco nos recoja.
Vivamos, pues, en tanto que existir con salud permitido nos sea.


Juan Sanguino Collado